CRÓNICAS CABRÓNICAS CERTEZAS

viernes 14 de noviembre de 2008

Al estilacho de la mil ocho


Siento mucho (porque soy de las asesinadas por Evo Matapasiones) pero realmente ni el Presidente ni nadie a su alrededor me dan algún material que merezca buena tinta. Todo lo contrario.

Anuncia el gobierno del MAS que desde ayer, 13 de noviembre del año 2008, rige un nuevo decreto supremo, número 29788, que permite usar la célebre ley 1008 de sustancias controladas como “un instrumento que permita castigar con dureza el contrabando y la especulación de combustibles (gasolinas, diesel oil, gas licuado de petróleo - GLP y querosén) en el país”. Es decir, además de vigilar y restringir el uso del querosén con que se fabrica la cocaína, meten ahora en la misma bolsa de la sospecha al resto de combustibles de uso doméstico y también industrial, como si fuesen la misma cosa. No importa. Aquí van, como en la 1008, juntos y revueltos, sin pies ni cabeza.

Con este decreto el gobierno del compañero Evo se punza una cuchillada en el tuétano de su historia de lucha cocalera.

Porque no hace falta demasiada memoria para recordar que la batalla de Evo y el movimiento cocalero fue furibunda contra la 1008, su bandera. ¿Acaso el grito de guerra no era mentar la madre neoliberal al 21060 y a la ley 1008? Claro que sí, pero es que “todo cambia, compañera, todo cambia”.

Ajá. Pero es que no es poca cosa. No se trata sólo de un absurdo o de una simple incoherencia. Este es un gesto radical del gobierno del Evo que ciertamente va más allá de la paradoja -o la estética-. Estoy harta de ver las calles llenas de milicos como si estuviésemos en plena dictadura. Rondan por las plazas, en las calles, en los puentes, y desde ayer en gasolineras y quién sabe mañana en la tienda de la Mechy merodeando con cara de recelo. Esto se parece demasiado al período golpista con el aderezo del discurso, el tono y el aire de García Linera, Quintana y Rada. El club de la pelea.

Suelo utilizar la mil ocho como metáfora: primero te acuso y te condeno, luego te pregunto qué pasó. Como los milicos de la época banzerista ¿se acuerdan? Montados en camionetas al estilo pandillero, como perros salvajes en busca de presa, buscaban melenudos en edad de merecer. A empellones, sin preguntar ni oír, los rapaban so pretexto del servicio militar, y sólo concluido el maltrato les preguntaban si habían hecho el tal servicio o si tenían la edad suficiente.

¿Con qué criterio aplicarán ahora el nuevo decreto? ¿Y si llevo mi gasolinita de siempre, en la botella sin etiqueta de CocaCola en la maletera del auto, por las tantas veces que me quedé plantada, iré presa? ¿Y si ese es pretexto porque simplemente y con certeza les caigo mal? Pena por mi amigo Querejazu, viajero incansable que lleva su gasolina en bidón full explorer alardeando su jeep embarrado que le mete cientos de kilómetros de Amazonía a Chiquitanía y al revés. ¿Lo meterán a la cana? Con su pinta de estriper triple x ¿le creerán que es un aventurero dueño de hoteles o será más bien doblemente sospechoso?

Estamos jodidos. Evo Matapasiones.