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Mostrando las entradas etiquetadas como DICTADURA

Wawitas de pecho

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Soy de la generación de “Ultraseven” en la TV en blanco y negro las tardes de canal 7. Un superhéroe japonés ataviado de un disfraz hecho por alguna costurera de cumpleaños de niños, cuya gracia mayor eran los trucos visuales hechos a puro corte de cámara con humo de discoteca: ahora estás-corte-ahora ya no estás. Malabares que hoy nos revolcarían de risa y que podríamos hacerlos como quien juega canicas. Eso mismo trasladado a la política de los años 80 y, claro, la política de hoy, esa con efectos especiales plurinacionales, cámara 360 y drones 4K. Por favor, acomódese los lentes para entrar en la realidad virtual y pedir que al final de esta nota me parta un rayo. ¡Corre cámara! 1980. El narcotráfico va viento en popa. Los gobiernos de la región llevan uniforme de cacería tras el enemigo interno ante cualquier amenaza democrática. Empresarios del oriente vinculados al narco se alían con los uniformados en busca de protección, el Rey de la Cocaína como líder, el nazi Kla...

Los desalmados

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Cartel de la película "Los desalmados", de Rubén Galindo, México, 1971 ¡Booom! ¡booom! ¡booom!   De pronto comenzaron a suceder atentados y explosiones en un lugar y otro. Nunca antes Bolivia había vivido tal violencia política cuyos modos terroristas eran también ajenos. A principios de febrero de 1980 una explosión sacudió las oficinas del semanario Aquí que dirigía el sacerdote jesuita Luis Espinal Camps, vehemente crítico de las dictaduras y defensor tenaz de los derechos humanos a quien los golpistas tenían en la mira. Espinal Camps, catalán, gustaba de los chistes ácidos y en privado era un bromista mordaz. Por entonces en Bolivia se practicaba un periodismo señorial, recatado, y en esos pocos meses de ensayo democrático entre 1978 y 1980, Espinal dio rienda suelta al periodismo de Aquí, llamando a las cosas por su nombre. Hombre riguroso y ordenado, puntual como ninguno se duchaba muy temprano cada mañana para estar en la radio Fides antes de las...

El día de la democracia, del oído a la piel

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            Durante 34 años , el 10 de octubre de 1982 fue en Bolivia el día de la democracia. 34 años. Tres décadas. Una generación. Una camada de jóvenes ciudadanos nacidos después de ese año triunfal, 1982, a los que cada 10 de octubre les salíamos con la cantaleta de la dictadura, de Banzer, de García Meza, del Lobo Feroz. Y ellos oían y leían acerca de ese asunto llamado dictadura con la afortunada distancia de no haberla vivido. Hoy en cambio, Evo Morales los aproxima a esa experiencia y lo hace de la manera más dañina. Si el día de la democracia fue hasta hoy la conmemoración del triunfo sobre la dictadura, hoy ese día es el 21 de febrero, en democracia, defendiendo la propia democracia. Y esta vez nuestros hijos, los que nos siguen, no saldrán a defender lo que sabían de oídas, sino lo que saben porque sienten. ¿Por qué hoy esa experiencia es peor que antes? ¿Cómo podrían los crímenes de las dictaduras, la muerte de Marcelo, de Carlos...

Los huesos de la manada

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Los vacíos mentales son cosa seria. Los vacíos afectivos mucho más. Si unos te paralizan, los otros te dejan el alma coja. No se puede seguir sino cojeando mientras no tengas el esqueleto de la memoria afectiva más o menos completo. Porque los seres humanos estamos hechos de memorias, de relatos que nos cuentan y al contarnos nos construyen y nos completan, nos recuerdan quiénes somos, desde dónde lejos venimos, qué hicieron los nuestros, por qué, qué soñamos, hacia dónde vamos. En ese andar, de pronto, alguien nos robó retazos de nuestra historia, de nuestra memoria, y no nos quiere devolver. Así, la cojera se mantiene, no cura y duele. Es necesario recuperar las piezas de nuestro relato colectivo. Argentina lo hace con una persistencia envidiable, con la paciencia amorosa con que sus antropólogos escarban aquí y allá buscando los huesos de los suyos, los huesos de su manada. Los documentos relativos a la dictadura argentina recientemente desclasificados por el gobiern...

Relaciones promiscuas

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E n 1982 la historia boliviana dio un giro fundamental: las Fuerzas Armadas resignaron su enquistado rol “tutelar” de la patria, entregando el gobierno de una vez y por todas al país. Fue una relación promiscua la que ambas, sociedad civil y Fuerzas Armadas, sostuvieron a lo largo de la historia. Desde el nacimiento mismo de la patria en 1825 el gobierno pasó de unos a otros cada medio siglo hasta el final de la guerra del Chaco (1935), luego cada 11 y 18 años hasta 1982. Desde entonces han transcurrido 34 años ininterrumpidos de gobiernos civiles. Sin duda es el período más largo sin intervención militar. Fueron promiscuas porque con excepción de poco m ás de una década después de 1880 , cuando el poder civil liderado por la oligarquía minera se propuso verdaderamente conducir el país sin participación militar, el militarismo estuvo siempre vinculado al poder (entonces oligárquico) por delante o por detrás. De ahí que la derrota final de la última dictadura (Garcí...