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Mostrando entradas de 2017

Wawitas de pecho

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Soy de la generación de “Ultraseven” en la TV en blanco y negro las tardes de canal 7. Un superhéroe japonés ataviado de un disfraz hecho por alguna costurera de cumpleaños de niños, cuya gracia mayor eran los trucos visuales hechos a puro corte de cámara con humo de discoteca: ahora estás-corte-ahora ya no estás. Malabares que hoy nos revolcarían de risa y que podríamos hacerlos como quien juega canicas. Eso mismo trasladado a la política de los años 80 y, claro, la política de hoy, esa con efectos especiales plurinacionales, cámara 360 y drones 4K. Por favor, acomódese los lentes para entrar en la realidad virtual y pedir que al final de esta nota me parta un rayo.
¡Corre cámara!
1980. El narcotráfico va viento en popa. Los gobiernos de la región llevan uniforme de cacería tras el enemigo interno ante cualquier amenaza democrática. Empresarios del oriente vinculados al narco se alían con los uniformados en busca de protección, el Rey de la Cocaína como líder, el nazi Klaus Barbie …

Hola guapos

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“Guapa, mira, oye guapa, que no, que yo no soy así, que tú me conoces. Mira guapa, yo te quiero, no me hagas esto. Tú me conoces, bonita. No soy de esos hombres que se juntan para tener hijos y ya. Guapa ¿me oíste?” Habla por celular. Sólo los amores podrían distraer a alguien en la fila de 80 personas que esperan –absurdamente esperan- entrar al consulado de la embajada de España en La Paz.

Es un hombre pequeño que compensa su talla con una gran nariz. Moreno, cabello negro, paceño con aires de rapero. Gorrita amarilla. Nadie lo ha visto en esta fila donde a las 10 de la mañana ya todos nos conocemos luego de haber pasado la noche juntos, desparramados en la vereda del frente, apoyados en la pared, abrigados hasta los huesos, sentados sobre cartones, tapados con una, dos, tres, cuatro frazadas. Este señor claramente acaba de llegar. Se ha “colado” a la fila pero como habla por celular creyendo que nadie lo oye y su conversación amorosa distrae, nadie le ha dicho nada todavía. Todavía…

Los muertos

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Dicen que los elefantes lloran a sus muertos. Los velan. Los acompañan, se quedan allí donde el cuerpo se funde hasta los huesos. Dan vueltas lentamente, se agachan, tocan con su trompa apenada, parece que llorasen –lloran- como lo haces tú por tu muerto ante su cuerpo, su tumba. El dolor por la muerte. El duelo.
En este país de caudillos, de tatas como montañas, de padres de la Patria que lideran el ritual del mono mayor y guían con su ejemplo, estamos jodidos. Porque esos caudillos que ya no distinguen dónde acaba su piel y comienza el Estado, esos que arengan masas y agitan a sus huestes, respetan poco la vida y no se sabe si respetan a los muertos. Y entonces la vida vale madres, no vale. Y si no se respeta la vida, no se respeta a los muertos (Marcelo, tus huesos dónde estarán, las lágrimas de los tuyos buscan ese suelo para regar).
¿Cuándo, en qué momento se habrá olvidado Evo-mono-Estado de sus compañeros muertos a golpes, a bala, a fuego ardiendo en el infierno, con el rostro …

"Me voy a poner tetas" dijo él, muerto de risa

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Pedro Lemebel había ganado, finalmente, el premio José Donoso. Lo primero que dijo al enterarse fue "Qué buena onda". Lo segundo "¿Cuánto es? (el premio)" y remató: "Me voy a poner tetas". Yo, que fui su amiga durante cuatro días, lo recuerdo así. 
Conocer a Pedro Lemebel en los arrabales de la literatura no es lo mismo que encontrarlo en Facebook. En mi caso fue arrebato a primera vista. Del descubrimiento literario salió un ensayo apasionado, nada más, nada menos (http://www.amazon.com/Crónicas-identidad-Ensayos-crónica-latinoamericana/dp/3847362526). Pero como el estilete quedó clavado, un día de esos lo encontré en Facebook. Adoratriz, corrí a su encuentro y, melodramática, sufrí un infarto del ego. Despechada, parí un blog (www.lamajabarata.blogspot.com). 
Años después, marzo de 2012, Pedro llegó a La Paz. Desde nuestro primer encuentro textual habían pasado 14 años, una novela y cuatro libros, sida y cáncer en la laringe. Aún así, Pedro habló. Despa…

¿Cómo supiste que eras Dios?

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-Querido Dios: –escribe un niño- ¿Qué quiere decir que tú seas un Dios celoso? Yo creí que lo tenías todo.
Pues no, no es suficiente. Cuando se es dios, todo queda chico.
Más aún, es posible que aquel dios lo tenga todo pero sospecha no tenerlo o, como hacen los celosos, teme que su amada(o) prefiera a otro. Es un ser inseguro. Y más. Hay dioses tan dioses que necesitan a ese amante sólo para eso: para ser amados sin retribución alguna. Se aman a sí mismos. Pura exclusividad, puro ego.
Los amores cocinados al fuego de la política son quizás el cuadro preciso de esta relación ególatra entre el dios celoso y sus súbditos creyentes ¿No es acaso la amada Patria el objeto amoroso de los gobernantes? Algunos, sin embargo, a tono con los aires progresistas empapados de diversidades étnicas, sexuales y plurimultis prefieren como amante al Pueblo.
Hete aquí a don Juan Evo Morales, Primer Amante del Estado Plurinacional. Corrijo: Primer Amado. Porque amante es quien ama y este no es el caso sino…

El amante chino

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Cuando Marco Polo se largó a la aventura de comerciar con China, Japón, Indonesia, Mongolia, Sri Lanka y parte de Rusia, por entonces inaccesibles al mundo occidental, allá por el siglo XIII, y luego de dos décadas de intensa estadía regresó para contar fascinado lo que allí había vivido: gentes, costumbres, culturas, guerras, religiones, etnias, sabores y lenguas desconocidas, su historia pareció tan increíble que siglos después, en la vulgaridad de nuestras peregrinas vidas cotidianas, se nos antojó que aquella historia no era más que “un cuento chino”. Aquella fue una narración maravillada pero no sólo al modo del realismo mágico sino al modo irreal, épico y fabuloso, porque el veneciano Marco Polo, rico comerciante de carne y hueso, acabó encarcelado y allí relató su aventura al escritor Rustichello de Pisa que, ayudado por otros múltiples relatos, su imaginación y su pluma, recreó al personaje como héroe invencible en esa obra llamada Los viajes de Marco Polo también conocida com…

CRÓNICA / ¿Por qué ríen las mujeres del huerto?

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LAS 12 . PÁGINA 12 / ARGENTINA / PÁGINA SIETE / BOLIVIA


Cecilia Yujra Chávez tiene la memoria de un elefante. Recuerda discursos enteros palabra por palabra y es capaz de escribir diálogos completos días después. Repite de memoria recetas de distintos tipos de abono orgánico con todos sus tecnicismos, señala fechas con día y hora puntuales, recuerda lugares y vestimentas precisos pero sobre todo recuerda el día que su padre se fue para siempre.
Tenía 11 años cuando su papá, después de beber y beber y golpear a su mujer y a sus hijos día tras día, finalmente se marchó. “Cuando una es chica no sabe si quiere o no quiere”, dice Cecilia, los ojos achinados, la voz dulce. Ladea la cabeza con pena y por un segundo se pierde -o se encuentra- en los recuerdos de su memoria implacable, sentada sobre un tronco a modo de silla bajo el techo de lona de su casa en Itaú, un remoto lugar en el Chaco boliviano. Cecilia tiene hoy 45 años.

De pronto se levanta, sacude los recuerdos y sigue en lo suyo. Cec…