Baratija I (las pasiones son melodramáticas y adoratrices)


La Maja Barata es una mina enredada en los dedos de Xavier Velasco. Una carta bajo la manga para bautizar este infarto del ego por Pedro Lemebel.


Es el sustituto del gato que nunca tendré. Esa compañía por descarte. Ese animal que llena los vacíos existenciales porque su vida demanda una parte de la tuya. Te distrae, te llama, te llena. No sé bien pero parece que para aquellos de mi generación, esto comienza casi siempre por accidente. El caso es que abrí los ojos y era parte de ese planeta llamado Facebook. Un voyeurismo de cachondeo adolecente hasta que un día de esos se te prende el foco y haces de él lo que te place. Un canal de TV enganchado en E-Entertainment Television, un pretexto para la palestra política, un showroom privado, tu propio canal de TV donde anunciarte a ti mismo, un sustituto laboral para paliar la culpa por el desempleo que se extiende más de la cuenta, la nueva versión del té rummy de señoras, un baúl-orgasmo de fotografías de gente que no ves hace décadas con las que ahora creas la comunidad religiosa del flirteo colectivo. En eso ando.

La foto
Y en eso andaba cuando, entre los mil nombres de María Camaleón, encontré a Pedro Lemebel. Es decir, la foto de Pedro fichada entre los amigos de una amiga. Porque el Facebook es eso, un juego de admisiones reservadas. Gentes que reconoces y aceptas incluir en tu círculo privado hasta donde tu interés o tu exhibicionismo ambicionen. Cada persona es, si quieres, un club privado. De ahí que para ser aceptada por Pedro, mi mensaje tuvo que haberle provocado cuando menos curiosidad. El caso es que hice clic y durante cuatro días fui amiga de Pedro Lemebel. Al cuarto día descubrí que ya no estaba…

Lamento boliviano
Nadie duda de la marginalidad como etiqueta de este país que a ratos existe sólo para nosotros y para el fanatismo europeo que adora a Evo porque la mirada colonial persiste y el indio presidente fascina. Creí entonces que ese “borde con encaje” donde habita Pedro Lemebel era, digamos, un espacio compartido. Y ahora que lo escribo diría que coincidimos, incluso, en eso que Pedro llama “mariconaje guerrero” (Lamento boliviano II). El caso es que arrebatada de amor literario, mandé a Pedro mi enfático reclamo en clave lemebeliana, claro, melodrámatica y adoratriz. Adjunté allí el texto que escribí (Para Pedro con amor) recordando esa Carta a un niño boliviano que alguna vez Pedro escribió cediéndonos su metro de mar correspondiente. Y como amor con amor se paga, Pedro contestó devolviéndome el melodrama: “No es lo que tú crees, querida”. Y entonces parí este blog.

Fotos/David Lanza Nolasco

El gesto
La fotosepia que te trajo un pedazo de poema de Apollinaire, que parece escrito por mi lengua viperina que parece decir algo más que uy.
Mi boca tendrá ardores de averno,
mi boca será para ti un infierno de dulzura,
los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón

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