El rebautismo materno

Porque no es lo mismo decir "presidente Morales" que decir "presidente Mamani"



Mi nombre es Cecilia Lanza Lobo. Pero si aplicase la Constitución Política Feminista de Mujeres Creando en relación a la reivindicación de la maternidad (las mujeres sujetos de maternidad, no objetos de reproducción) por vía de la filiación materna, digo, que los hijos (hombres y mujeres) lleven primero el apellido de la madre, mi nombre sería Cecilia Ferrufino Béjar, imaginando, claro, que mis padres llevasen también el apellido de sus respectivas madres y abuelas. Intente usted ese ejercicio. Yo, mientras tanto, pensaré qué sería de este mundo nombrado en femenino.

El argumento es tan simple como esto. Alega María (Galindo) Neder, que la sociedad reconoce, valora y protege la reproducción así como la idea de que la maternidad da sentido a la vida de las mujeres y, al mismo tiempo, “subordina la maternidad a la existencia de un padre que le dé legitimidad”. Mientras las mujeres dan la vida –dice- los hombres tienen el poder de otorgar a esos hijos el lugar social que la cultura les asigna a través del apellido. Recuperar la maternidad es un tema cultural pero “pasa también por el hecho jurídico del apellido paterno que en nuestra sociedad es el primeo, es el que cuenta y es, al mismo tiempo, el mecanismo de reconocimiento o desconocimiento que tiene cada hombre respecto de los hijos y las hijas (…). Este hecho también tendría consecuencias en toda la jurisprudencia de familia en cuanto a lo que se llama la patria-potestad que es un concepto de autoridad patriarcal sobre los hijos y las hijas”. (http://www.mujerescreando.org/)

Clarísimo. Y nada nuevo. De hecho, Cristina Fernández en Argentina, a través de la “Ley del nombre”, propuso lo mismo: incluir el apellido materno antes que el paterno en un país –único en América Latina- en el que sólo se considera un apellido, el paterno (siempre fueron sólo Borges, Ché Guevara, Eva Duarte, luego Perón, Julio Cortázar, Diego Maradona). En Brasil, como en Portugal y otras culturas, los niños llevan primero el apellido de la madre.

El asunto es político, cultural, y ciertamente simbólico. Si habitásemos un mundo escrito en femenino, otra sería la historia. Para empezar este país no se llamaría Bolivia, pues Simón Bolívar Palacios sería más bien Simón Palacios, pero como su madre adoptaría también el apellido de la suya, sería más bien Simón Herrera. Siendo así, cómo pensaría Simón Herrera aquella frase bautismal “si de Rómulo, Roma, de Bolívar, Bolivia”. Tal vez acabábamos llamándonos Simona y entonces qué sería de la República Bolivariana de Venezuela. O si Karl Marx hiciera lo propio, se llamaría más bien Karl Hirshell siguiendo el apellido de la madre de su madre, Henrietta Pressburg Hirshell. En ese caso, el estribillo diría hirshellismo-leninismo (pues Lenin no es el nombre de Vladimir Ilich Ulianov que sería Vladimir Ilich Blank). Gabriel García Márquez sería Gabriel Iguarán (cosa que en nada cambia eso de “Gabo”, aunque sí eso de "tengo el último libro de Iguarán", qué tal). Y tal vez incluso el presidente Morales se ahorraría las críticas a su apellido español-colonial pues mínimo se llamaría simplemente Evo Mamani (por su madre, María Ayma Mamani) y nosotros ganaríamos, digamos, personalidad. Porque no es lo mismo decir "presidente Morales" que decir "presidente Mamani" ¿no ve?

Más allá de las implicaciones simbólicas de ese apellido paterno que perpetúa la prole y otorga una ciudadanía masculina, la idea es, en sentido estrictamente jurídico (¡bah!), no sólo reconocer sino valorar el lugar o, mejor, la autoridad de la madre en el sentido de autoría y lo que aquello implica. Sin embargo, como en el fondo este es un tema de derechos, supongo que, más allá (o además) de la escritura pública, bien podríamos tener el derecho a elegir el apellido que nos parezca.

Comentarios

Sergio M. ha dicho que…
Wow...me dejaste pensando mucho che.
Casi cambio mi nick solo para poder comentar, pero eso seria generar otro nick en el bloger. Y preguntarle a mamá hasta donde van los apellidos de las abuelas y todo es... ¿No será que es también un asunto de pereza?...Como diría un funcionario público boliviano...-No la complique más joven, asi nomas siempre a funcionado, ¿no ve?.

Supongo que un primer paso podría ser adoptar una identidad virtual (como la de los blogs) haciendo honor a la madre.

María G. firma como María Neder? Eso practicar la prédica.

Muy buen artículo/post/catarsis.

Atte.

Sergio Telleria M.
Marco ha dicho que…
Bueno, yo me llamaría Marco Hevia y Vaca Orozco... muy lindo...si así fuera, mi abuela materna no se hubiera quedado con un solo apellido, y todos mis tíos apellidarían igual...
Lindo texto, como siempre.
Lilyth ha dicho que…
un post muy interesante, pues más allá de las complicaciones de tratar de rebuscar en el árbol genealógico, me parece un ejercicio muy importante de amor propio para nosotras. A mi me encantaría llevar el apellido de mi abuela, el lado femenino de mi familia me llena de orgullo...
CUCHITA ha dicho que…
Como en brasil que primero va el apellido de la madre y luego el del padre.

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