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Postales contrabandistas

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Cuando tenía 10 años viajaba a la frontera con Argentina desde Tupiza como gran cosa. Debió haber sido como ir de paseo un domingo muy largo. De aquellos años recuerdo los alfajores de chocolate y chocolate blanco que comprábamos en caja de cartón, como gran cosa. También recuerdo un juego de dormitorio que está en uso hasta hoy, 30 años después. Gran cosa. Vuelvo a esa frontera para mirar extasiada esta postal. De Pando a Villazón sin demasiado aspaviento. Tengo en la retina la fotografía de aquellas decenas de cuerpos casi asexuados que cargan un quintal de harina sobre sus espaldas casi setenta veces durante el día, ida y vuelta por el puente que separa (o une) Bolivia de Argentina en la frontera entre Villazón y La Quiaca. Coca en la boca y en la mano una bolsa para amarrar la carga, corren desde el lado boliviano sesenta metros levantando polvo, apurados porque la competencia es demasiada. Casi al mismo paso, cien kilos encima, regresan con la harina argentina. Dejan la carga y o...

Bodas de Rubí

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Doña Cristina Monasterios de Aduviri se presenta así, enfatizando ambos apellidos. Y como la pregunta reiterada es cómo conoció a su marido (cuando en verdad quiero preguntarle cómo, cuándo y por qué el destino los juntó como dos piezas de una máquina de hacer dinero), ella repite, presumiendo, que pronto cumplirá 40 años de matrimonio. Y cumplió. El domingo de resurrección, en la iglesia del señor del Gran Poder, la pareja Aduviri Monasterios, 4 veces pasante de la festividad del mismo nombre, celebró sus Bodas de Rubí. Envueltos en una cadena de oro de 2 metros renovaron sus votos con la bendición del cura español que los miraba con admiración. Hoy en día los matrimonios son desechables. Pasada la ceremonia religiosa el matrimonio recibió los abrazos de parientes, amigos y vecinos de la zona en la puerta de la iglesia, con mistura blanca, morenada y banda que pasaba por ahí. Al frente los esperaba una camioneta roja doble cabina, modelo 2009, demasiado grande para el ancho de la call...

Fut-bolero

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Nunca fui fanática del fútbol pero en la década del 90, entre Argentina y Brasil, me gustaban los brasileños. Seguramente pensaba en sus telenovelas, en la playa, en Jorge Amado y Caetano Veloso. Es más, recuerdo haber llorado alguna derrota brasileña ante los gauchos que festejaban como insultando. Poco después cambié de bando. Todas mis razones son ciertamente extra futbolísticas y melodramáticas. La primera fue una cuestión digamos de identidad y de identificación con los débiles del mundo. Qué tal. En 1990 se jugó en Italia la final de la copa mundial. Argentina se enfrentaba a Alemania. Ningún escéptico del planeta escapaba a una batalla tal. Menos yo. Porque como suele suceder con los apasionamientos, se trataba de una pulseta entre latinoamericanos tercermundistas y europeos top miembros del G-7. Bueno, esa era mi telenovela personal. Ganó Alemania. Y en La Paz festejaron la victoria germana los changos del colegio alemán, sus amigos y los anti argentinos. El efecto fue inmediat...

La Barbarella

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No es fácil amar a este país. Digo, amarlo en serio. Porque la fotografía de postal es otra cosa. Y el enamoramiento a la moda del etnocentrismo presidencial también. Para amar Bolivia hay que palparla como hacen los ciegos con la superficie rugosa. No he viajado todo lo que quisiera pero creo que suficiente como para sentir que vivo este país milímetro a milímetro y gota a gota. Será porque mi padre me enseñó a conocerlo desde niña y para eso no sólo vivimos en varios sitios sino que viajamos de rincón en rincón en una camioneta americana roja, vieja, gorda y techada con carpa de plástico negro. Eso sí, coqueta. Muy a su estilo, mi viejo la llamó “Barbarella”. Cuánta tierra comí montada sobre el colchón que mi papá puso en esa carrocería para aliviar el traqueteo. Cuántos ríos crucé con el agua hasta la cintura misma de la voluminosa Barbarella. Años después me contaron que alguna vez las aguas del turbión estuvieron a punto de arrastrarnos y yo, que tenía como diez años, sólo recuerd...

El rebautismo materno

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Porque no es lo mismo decir "presidente Morales" que decir "presidente Mamani" Mi nombre es Cecilia Lanza Lobo. Pero si aplicase la Constitución Política Feminista de Mujeres Creando en relación a la reivindicación de la maternidad (las mujeres sujetos de maternidad, no objetos de reproducción) por vía de la filiación materna, digo, que los hijos (hombres y mujeres) lleven primero el apellido de la madre, mi nombre sería Cecilia Ferrufino Béjar, imaginando, claro, que mis padres llevasen también el apellido de sus respectivas madres y abuelas. Intente usted ese ejercicio. Yo, mientras tanto, pensaré qué sería de este mundo nombrado en femenino. El argumento es tan simple como esto. Alega María (Galindo) Neder, que la sociedad reconoce, valora y protege la reproducción así como la idea de que la maternidad da sentido a la vida de las mujeres y, al mismo tiempo, “subordina la maternidad a la existencia de un padre que le dé legitimidad”. Mientras las mujeres dan la vi...

Al estilacho de la mil ocho

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Siento mucho (porque soy de las asesinadas por Evo Matapasiones) pero realmente ni el Presidente ni nadie a su alrededor me dan algún material que merezca buena tinta. Todo lo contrario. Anuncia el gobierno del MAS que desde ayer, 13 de noviembre del año 2008, rige un nuevo decreto supremo, número 29788, que permite usar la célebre ley 1008 de sustancias controladas como “un instrumento que permita castigar con dureza el contrabando y la especulación de combustibles (gasolinas, diesel oil, gas licuado de petróleo - GLP y querosén) en el país”. Es decir, además de vigilar y restringir el uso del querosén con que se fabrica la cocaína, meten ahora en la misma bolsa de la sospecha al resto de combustibles de uso doméstico y también industrial, como si fuesen la misma cosa. No importa. Aquí van, como en la 1008, juntos y revueltos, sin pies ni cabeza. Con este decreto el gobierno del compañero Evo se punza una cuchillada en el tuétano de su historia de lucha cocalera. Porque no hace falta ...

Feliz cumpleaños Presidente

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Augusto Pinochet y Evo Morales no podrían compartir ciertamente nada de nada. Salvo un par de libros. El 26 de octubre pasado, Evo Morales Ayma cumplió 49 años. Álvaro García Linera, su vicepresidente y “maestro” -a decir del propio Evo-, un ávido lector que conserva la traza de profesor universitario (salvo la marca y el precio de sus trajes de lana de alpaca) y ostenta más de 5.000 títulos como sus únicos bienes, le regaló un nuevo libro: El arte de la guerra de Sun Tzu, un general chino que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo y de cuyo texto se dice que es el mejor libro de estrategia de todos los tiempos. Inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y otros tipos importantes en las artes de la conquista. Dicen que Juan Evo no es muy afecto a la lectura. En todo caso, con tanto despelote y la vida presidencial a cien por hora, a lo sumo tendrá los minutos suficientes para una breve reseña del maestro García Linera. Finalmente, este gobierno da la impresión de funcionar en ...