El mea culpa de un izquierdista, oye

























¿Puede doler un país?

Trojes, Tiquipaya, Cochabamba, 22 de diciembre de 2007



Filemón me recibe en su casa carajeando a sus perros. Su gorra de cuero negro, como carnet de militancia inclaudicable en las filas de la izquierda a secas. Su sonrisa socarrona en su boca de coca, aparece y desaparece. Sabe quién soy, dónde he trabajado y me habla de mi padre, del alzamiento de 1981 contra García Meza. Me sorprende y de pronto siento algo de alivio. Filemón suele devorar periodistas. Habla zambullido en decenas de libros, todos señalados con pequeños papeles como lengüetas en la página precisa. Se ha preparado –así me dice- y de rato en rato se para, trae un libro, un afiche, un recorte, un objeto, lo que sea… y escupe un pedazo de historia política. “¡No se meta a grabar nada si no conoce la historia de este país... compañerita…!”, me increpa Filipo, con una mezcla de tutela y empute genuino. Filemón está dolido.

Filemón Escóbar sólo necesita presentación para quienes no conocen la historia política de este país. Él es la historia misma de la lucha sindical minera que es, digamos, el tronco de las luchas sociales y políticas del siglo XX en Bolivia y, por lo mismo, el germen poderoso del sindicalismo y de los actuales movimientos sociales, por ejemplo, del trópico cochabambino, gracias al propio Estado que vía 21060 regó el país de mineros desplazados. Allí llegó Filemón Escóbar y, huérfano como se crió, acabó siendo el padre político de Evo Morales Ayma.

Llevaba en las venas su lucha minera, pero también una historia de derrotas que quiso apasionadamente purgar con Evo y el MAS. Tal vez por eso las reuniones con el ya dirigente cocalero “eran pura formación política y a carajazo limpio, oye”. Evo tenía entonces 28 años y pateaba la pelota.

El caso es que tanta vida y fracaso político, hicieron posible casi un desahogo. Filemón repite hoy a quien quiera escucharlo, el mea culpa de esa izquierda “atrasada”, deseando que aún sea tiempo de enmendar el error. Porque queriendo una cosa, aquellos radicales lograban el tiro por la culata y así llevaron a Barrientos al poder, crearon la Asamblea Popular que “sopló” a Torres y terminó “soplada” por Bánzer y que bajo la consigna de “ni reformismo ni fascismo” con la COB a la cabeza jodieron a Siles Zuazo y una vez más abrieron las puertas a la dictadura militar. “¡Nosotros somos los autores de los gobiernos de corte militar y fascista en el cono sur... compañerita…!” grita Filipo.

Tal vez de allí su desesperación y, peor aún, su decepción. Más de una década de doctrina y lucha sindical, esta vez cocalera, llevaron a Evo al gobierno. Pero en mayo de 2004 se produjo el parricidio. Filemón es expulsado del MAS. Toma la batuta García Linera, “los quintanas y los radas” que siguen el camino de la confrontación para resolver el entuerto nacional por la vía de las armas, acusa Filemón, y los hechos lo secundan.

Filemón, en cambio, que en la cárcel convivió con los asaltantes de la remesa de la empresa minera Catavi (el atraco de Calamarca), es capaz de cambiar de piel. “Son increíbles los secretos que tiene un ser humano” dice Filipo en sus memorias. Por eso insiste en la “complementariedad de los opuestos” (cambas, collas). Se opone rotundamente a eso de las 36 nacionalidades que harán trizas el país (autonomías por decreto) porque aquí hay sólo dos civilizaciones –dice-: la que vino de España y nosotros, los andino-amazónicos. Punto. Reniega del error político del Presidente Morales de haberse opuesto a las autonomías, marcando así el nuevo fracaso de la izquierda que ocasiona, una vez más, el tiro por la culata. ¿Puede doler un país? Filemón me despide con los ojos al jugo. “Si lo veo al Quintana lo mato, carajo, y al García Linera… le doy por atrás, oye”.


Comentarios

Jose Miguel ha dicho que…
Oye Cey, que rato le hiciste la entrevista al Filemon? Ese era el dia de nuestro matriqui! (la gorda fue la que se dio cuenta). Muy bonito, un besote

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