Los pies tienen memoria
Mi Pie Izquierdo
Paso uno. Algún día que me resisto a olvidar (los masoquismos, quién inventaría) me metí al monte haciendo lo que tantas veces en mi vida. El riesgo me latía pero soy incapaz de decir no. Además, me llevaron como sólo ellos saben hacerlo: dijeron que sería dos horas de camino a pie, cuando en verdad serían dos días de caminata sin parar, en busca de la Machu Coca en Yungas de Vandiola. Obviamente mi rodilla, ya maltrecha, no aguantó. Fueron 17 horas sin parar y listo. En medio del monte donde sólo llegas a pie –y no hay ningún otro modo de comunicarte con el mundo que no sea una mula para salir de allí en caso de emergencia- no te queda otra que salir de allí… a pie.
Fueron dos las operaciones de rodilla, seis meses sin caminar y un año y pico de silencio. Pero lo rico de todo esto es resucitar.
Paso dos. Entre muletas nacía un sueño. Publicar la primera revista boliviana de periodismo narrativo. Crónica, sí, esa mi pasión casi obsesa. La rodilla inútil era ciertamente un obstáculo. Agarré las maletas, me fui, me curé y volví. Me esperaba Alex Ayala con el número uno de Pie Izquierdo. Fueron 8 números de pura pasión -incomprendida, diría el bolero-. El mercado boliviano es tierra fértil pero los gustos empresariales no dan pie con bola y en pleno siglo XXI siguen creyendo en aparecidos: un rafting obsoleto cuya medida es un par de tetas-chatarra. Pie Izquierdo paró, pero la tinta no. Por eso compartiré aquí un par de textos de allá. Para no perder la memoria ni la utopía.

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