Habana Blues


Veinte años más tarde, las noticias de La Habana -que durante todo ese tiempo fueron mostrando algún pequeño e inevitable gesto capitalista- ya sin Fidel o con el patriarca alicaído, dan cuenta de la crisis definitiva de aquel socialismo que claudica poco a poco ante el mercado. Fue el propio Fidel quien el año pasado reconoció que el modelo cubano ya no funciona. Hoy, a 52 años de la revolución y en vísperas del sexto congreso comunista que buscará “rectificar” los “errores” del modelo abriéndose al sector privado, el gobierno cubano anuncia el despido de miles de trabajadores y la otorgación de permisos para que éstos puedan buscarse la vida por cuenta propia y hacer su propia empresa, aunque ésta fuese un puesto de comida en la puerta de su casa.
En Bolivia, en 1985, esto se llamó “relocalización”. Treinta mil mineros fueron despedidos y lanzados al mercado a través de un decreto cuyo número, 21060, es desde entonces, el ícono del neoliberalismo y el nuevo enemigo por el que la izquierda boliviana sustituyó a las dictaduras militares. De ahí que acabar con el “21060” haya sido la promesa electoral más exitosa de Evo Morales. Una promesa todavía incumplida, aunque Morales no sólo ha proclamado su opción por el socialismo del siglo XXI (que todavía no se sabe muy bien qué es) sino que ha asumido el camino de la estatización. Ha nacionalizado empresas privadas, ha creado nuevas estatales y promete profundizar tal cosa. Está expropiando tierras, estrangulando emprendimientos privados y agrandando el Estado. Es decir, Bolivia, de la mano de Evo Morales, sigue el camino que Cuba reconoce hoy mismo como un fracaso. Y las filas, esa vieja costumbre cubana, son hoy en Bolivia un paisaje cada vez más familiar. Una romántica postal para el turismo de izquierdas pero una triste evidencia para quienes vemos allí retroceso, no esperanza. Y por si fuera poco, vivimos en una isla, sin mar.
Texto publicado en Americas Quarterly / 18 de abril, 2011
http://www.americasquarterly.org
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